Archive for April, 2006

La diferencia

A diferencia de muchos, yo decidí seguir viviendo un día. Se me hacía tarde, y unos ojos me detuvieron. Los mismos que espero ver todos los días, aunque no pueda verlos todo el tiempo y los vea en realidad cada vez menos. Esos ojos, están apagándose y yo lo sé. Esa maldita enfermedad, que parecía que iba a curarse fácil, me está quitando esos ojos. Ya les ha quitado el brillo y empieza a matar su  intensidad. Su inmensidad.
Y es que sin esos ojos, me quedará poco. Me quedará la soledad.
¿Qué no lo habíamos prometido? No te me mueras nunca.

Vuelve el silencio

Un balcón solitario te presiente,
balcón de golondrinas
donde el sol prendió su sed
en el ocaso.

Sólo tus ojos retuvieron la luz
La montaña se agrietó de esperas,
una lágrima desató su sombra,
recorrió el camino de mi piel
y dejó sus terciopelos en el mar.

Vuelve el silencio
a escupir sus lentejuelas
en la noche.

Tuve que correr

Tuve que correr
Cuando la vida dijo “ve”

No hubo manera de pararme
Correr que fue volar
Beber de un solo trago todo el mar
Y no sació mi sed el agua
Tomé el sendero sin saber
que me alejaba para no volver
Dulce como miel
Probar el roce de su piel
Ella en el suelo, yo en el aire
Dulce pero cruel
Llenó mi mundo de papel
Jamás pensé que llegaría a helarme
Que perdería el calor
Y con el tiempo la razón
En el camino tropecé
Con esa piedra desde la que arranqué
Tomé el sendero sin saber
Que me alejaba para no volver
En el camino encontré
Lo que jamás pensé tener
Tuve que correr
Cuando en el viento pude oir
Que igual que vine habría de marcharme
Antonio Vega

Hoy

Nunca me había pasado algo similar. Yo que presumía de ser inmune al amor, confieso que me ha vencido. La dulzura de tu mirada me ha derretido, la sinceridad de tu alma al decir te quiero desarmó mi corazón. Y tus manos, como me gustan tus manos cuando toman las mías y recorren mi rostro mientras prueblo el néctar de tus labios. Tus labios que me besan con amor, y nos hacen olvidarnos del mundo.
Nunca me había dicho nadie esas mágicas palabras con lágrimas en los ojos. Y yo no supe que hacer. Por eso, y porque te quiero, te abracé. Nadie te quiere más que yo.

Te quiero a las diez de la mañana

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?

Jaime Sabines. Del libro Ojos de Aguja. Antología de microcuentos.

Auch


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Puedo decir que existes

Puedo describirte
como si estuvieras:
ojos al sol.
sonrisa al viento,
manos de luna.
envuelta
en tu perfume.
Tibieza de laguna,
cascada de universos,
palabras de noche milenaria
que vuelan como palomas
y se devuelven
llenas de música,
a mirar.
Puedo decir que tienes
ramas de araucaria
en las que anida la ternura,
y se esparce el pensamiento
en tus hijos, tu follaje.
puedo decir,
con indolente asombro,
¡Que existes!

saciar el infinito

Toda la luz del mundo
suspendida
en el vértice de un beso
no alcanza
para saciar el infinito,
para entender la vida
que se deshace en estrellas,
e inunda
los instantes
antes y después
de nosotros.

Temores

¿Por qué me temes?
Si me siento transparente
para empezar a dibujarme
con tu luz,
y voy a tu lado
anticipando la fiesta incesante
del deseo.
¿Por qué me temes?
Si he dejado prendidas mis palabras
en los oscuros hilos
de la noche
para que el sol se atreva
a repintar mi silencio.
Si has viajado
en la alfombra turquesa
de mis sueños
y conoces el horizonte
de mis soledades.
¿Por qué me temes?
Si has palpado la estructura
de mi fragilidad
y te has adentrado
en el rincón inaccesible
de mis lágrimas.
Si he desprendido mis aristas
con la sugestión de la ternura.
¿Por qué me temes?
Si he sellado
en mi respuesta
la tristeza oculta del pasado.
Si he vuelto a nacer
a partir del vuelo inatrapable
de una gota de lluvia.
Dime ¿Por qué?

Bienvenidos

Iruki también estrena casa. Iruki sigue siendo el Lado B, el Alter ego. Iruki sigue manteniendo su esencia, sólo se cambia de casa.