Te quiero a las diez de la mañana

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?

Jaime Sabines. Del libro Ojos de Aguja. Antología de microcuentos.

Otras multitudes

Uno dos y tres

Jugueteria y canciones (fragmento)

Cuando tengas ganas de morirte
esconde la cabeza bajo la almohada
y cuenta cuatro mil borregos.
Quédate dos días sin comer
y verás que hermosa es la vida:
carne, frijoles, pan.
Quédate sin mujer: verás.

Cuando tengas ganas de morirte
no alborotes tanto: muérete
y ya.

Jaime Sabines

No me digas que no

No, no me digas que no, no.
Si lo que quieres es huir, no intentes ya mentirme mas, ya no.
Sabes que mientes, si.
Mejor dime que si, si.
Que es verdad que yo te gusto que no quieres a nadie mas que a mi.

Nikki Clan - No me digas que no, del disco Nikki Clan, 2006.

(En lo que me he convertido, un popero. Ah, ya era)

Mano

Quiero tender una mano. En realidad quiero tender cuatro, pero como sólo tengo dos, tendrá que ser una para todos.
Quiero tender una mano reconciliadora a cuatro personas, tres de ellas importantes, la cuarta no. Pero las relaciones son importantes. En realidad, las primeras tres personas en cuestión se alejaron de aquí por influencia de la cuarta. No se trata de buenos o malos, o del lado oscuro de la fuerza. Se trata de actitudes, de valores y sobre todo de lealtad. Lealtad no significa exclusividad, jamás sería lealtad eso, pero sí se trata de respeto y responsabilidad.
Y aún así, a pesar de haber sido insultado y traicionado, quiero tenderles la mano.
No soy rencoroso, aunque confieso que me gusta molestar un poco, digamos que es la penitencia por el crimen cometido. Pero no guardo rencores y olvido fácil las cosas.
Es por eso que les tiendo la mano. Por mi parte, les prometo que no volverán a ver actitudes negativas. Y si ambas partes nos tendemos la mano, las cosas no serán como antes.
Serán mejores.

Maestro Sabines

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?

Jaime Sabines. Del libro Ojos de Aguja. Antología de microcuentos.

No

Dijimos que ya nos habiamos olvidados. En realidad, no lo dijimos pero los dos lo pensamos. Eso creo.
Dijimos que no volveriamos a intentarlo. No lo dijimos pero lo supusimos. Eso creo.
Dijimos que frente a los demas pretenderiamos que nunca paso nada. Lo pensamos, no lo dijimos. Eso creo.
Pero hoy que nos vimos, nos dimos cuenta, que no nos hemos olvidado.
Que a los dos nos gustaria volver a intentarlo.
Que es evidente que hubo algo.
Y todo eso sucedio al mismo tiempo: cuando se tocaron nuestras manos.

Antibalas

Perky es una pata resistente. Ha sido baleada por un cazador, fue rescatada tras haber pasado dos días en un refrigerador y ahora ha sido resucitada por un veterinario.

La pata de medio kilo dejó de respirar el sábado durante una operación para repararle las heridas que le habían causado las balas en su ala, dijo Noni Beck, del Asilo de Gansos Silvestres Creek.

El veterinario David Hale logró resucitarla y hacer que respirara nuevamente.

“Comencé a gritar ´¡Está viva ¡Está viva”´, dijo Beck.

Perky fue conocida en todo Estados Unidos la semana pasada, cuando la esposa del cazador abrió el refrigerador y la encontró con vida.

El animal había permanecido dos días en el refrigerador, después que el cazador le disparó y la dio por muerta.

Perky, que ahora tiene un broche en su ala, probablemente no será sometida a otra cirugía por su sensibilidad a la anestesia manifestó Hale.

Entrar y salir

Le prometo que volveré, lo único que puedo prometerle por el momento, y salgo sintiéndome menos libre de lo que entré, pero al mismo tiempo con más ganas de volver a la jaula.

Jamas

Jamas te recuerdo.
Porque nunca te olvido.

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